Algunos creían que Europa podía y debía ser el faro regulador de las economías avanzadas, mostrando el camino para conseguir un capitalismo en el que los fallos del mercado se podían corregir.
Nada más lejos de la realidad. Ante la unilateralidad de EE.UU. y China, Europa debe reaccionar. Ya no se trata de imponer estándares. El objetivo es ahora preservar la soberanía propia, manteniendo una regulación acorde con las preferencias políticas de Europa, pero que al mismo tiempo se reduce para no ahogar la iniciativa empresarial y el crecimiento.
De esto va el «No todo vale» de hoy en La Vanguardia.
